Ayer, fui a comer sushi a un kaiten sushi (回転寿司) que no es más que un restaurante de los que tienen una cinta transportadora con los platos en movimiento para que los comensales elijan lo que quieran comer. Al final, en función de los platos que te hayas comido pagas la cuenta. Normalmente suelo ir a uno que está muy cerca de la escuela porque el sushi que preparan está muy bueno y también porque el personal del restaurante es muy amable y divertido. El caso es que ahí estaba yo con Mariana comiendo tan ricamente y al pedir uno de los platos que queríamos, que en ese momento no estaba disponible en la cinta, una señora japonesa que estaba sentada a nuestro lado al ver que hablabamos japonés empezó a charlar con nosotros preguntándonos de dónde éramos, qué hacíamos en Japón y el tipo de preguntas básicas que se les hacen a los extranjeros. El caso es que le debimos caer muy bien porque se empeñó en invitarnos a que probaramos su sushi favorito. Se trataba de mirugai (ミル貝), una especie de bivalvo que, sin estar lo que se diga muy rico, me sirvió para probar algo que por mi cuenta seguramente nunca hubiese pedido 🙂

ミル貝

El caso es que llevo poco más de un año en Japón y ya empezaba a pensar que eso de que los japoneses invitan a menudo a los extranjeros en los restaurantes o bares era una leyenda urbana.  Pues nada muchas gracias a nuestra amiga de ayer.

ごちぞうさまでした。